DICIEMBRE 2000-SEPTIEMBRE 2001
PATROCINA: FUNDACIÓN WINTERTHURIntroducción a los Desastres de la Guerra de Francisco de Goya
En 1808 Goya, a los sesenta años de edad, va a ser víctima y testigo de una de las más
significativas crisis bélicas de la historia de España: la Guerra de la Independencia
(1808-1814). La guerra fue un motivo suficientemente violento y poderoso como para que
Goya volviera a retomar esa frenética actividad privada que apenas un reducido número de
amigos compartían. De nuevo, como ocurriera años atrás, pensamientos, reflexiones y
amarguras encuentran en el dibujo y el grabado el medio natural para expresarse.
En pocas ocasiones se ha llegado a plasmar con tan escalofriante dramatismo, como en los
Desastres de la guerra, los horrores de la guerra, sus nefastas consecuencias y, lo que
aún es peor, la muerte de la esperanza.
Es muy probable que los Desastres de la guerra tengan su origen en lo sucesos de Zaragoza,
pues el pintor se vio inmerso en el mismo escenario de la contienda y en contacto directo
con la realidad de una ciudad desbastada. Aunque el primer sitio de Zaragoza pudo inspirar
casi una veintena de las estampas que forman la colección, la rapidez de los
acontecimientos, su viaje por unas tierras que padecían todo el sufrimiento de la guerra,
la generalización a todo el Reino de la sangrienta contienda donde se habían implicado
militares y paisanos, la inseguridad y el hambre, fueron circunstancias lo suficientemente
poderosas para que esa idea inicial se transformara sustancialmente.
Goya comenzó a grabar la serie por lo menos en 1810 -ese año el autor fecha algunas
láminas-, aunque al no haber sido publicada en el momento de su ejecución resulta
difícil aventurar cuando la dio el pintor por finalizada, si es que se trata en realidad
de una obra terminada. Viviendo todos los artistas de esa época una misma realidad, Goya
construyó una reflexión sobre aquella guerra y podemos llegar a creer que, incluso su
serie, fue fruto de una necesidad por parte del pintor, necesidad de trasladar en
imágenes su visión del hombre sin tiempo ni lugar, sin héroes ni hazañas. Goya
desarrolló este trabajo de manera silenciosa, incluso secreta porque el momento en el que
estaba trabajando en ella era peligroso y tenía consciencia de ello.
Desde el punto de vista de la técnica, y visto ya el dominio que Goya tenía de la
combinación del aguatinta y el aguafuerte, los Desastres de la guerra presentan una gran
innovación: la aguada. Se trata de la aplicación directa del aguafuerte sobre la plancha
con un pincel sin que medie protección alguna en ésta. Es una técnica que proporciona
suavísimos tonos rompiendo la brillantez de los blancos pero sin trama alguna como sería
el caso del aguatinta.
Goya translucirá una profunda amargura al enumerar los horrores y atrocidades de la
guerra, no conmueve, hace reflexionar. Los Desastres de la guerra, como tantas veces se ha
dicho, no son una proclama, en estas estampas se exalta a la razón y al valor, en la
misma medida que se critica el fanatismo, la crueldad, la injusticia y los vicios que
trajeron como consecuencia el terror, el hambre y la muerte.
Por último, en los Desastres de la guerra se denota un apego a la realidad cotidiana que
puede explicar la continuidad cronológica que se aprecia en la totalidad de la obra: el
levantamiento y la lucha popular, los efectos devastadores de la contienda, el hambre en
Madrid, las consecuencias de los siniestros seis primeros años de reinado de Fernando VII
y la esperanza de cambio con el advenimiento del Trienio liberal. Los estudiosos han
diferenciado tres grandes ciclos en esta colección: hasta el Desastre 47 escenas de la
guerra, desde el 48 hasta el 64 las escenas referidas al hambre en Madrid y, finalmente,
las estampas referentes al periodo constitucional y al regreso de Fernando VII, las
conocidas en ocasiones como caprichos enfáticos.
La serie de los Desastres de la guerra estaba terminada hacia 1815 pero no parece que Goya
tratara de hacer edición alguna en aquellos años muy probablemente debido a las
circunstancias políticas de España. La primera edición, bajo el título Los desastres
de la guerra, fue publicada por la Real Academia de San Fernando en 1863, tras haber
adquirido las láminas de cobre.
EXPOSICIONES
FRANCISCO DE GOYA
LOS DESASTRES DE LA GUERRA
I. El proceso creativo: del dibujo al grabado.
18 de diciembre de 2000 al 11 de marzo de 2001
II. El horror de la sinrazón.
19 de marzo de 2001 al 17 de junio de 2001
III. Los Caprichos enfáticos.
25 de junio de 2000 al 17 de septiembre de 2001
Para mostrar los aspectos técnicos del proceso creativo se exhibirán -al igual que se
hizo con los Caprichos? dibujos preparatorios, pruebas de estado, láminas de cobre y
estampas de la primera edición, y permitirán ver la evolución del trabajo de Goya desde
las primeras ideas a lápiz rojo hasta las estampas.
Los aspectos temáticos, presentados en la segunda y tercera exposición, irán reforzados
con textos en los que se explique el significado de cada obra, así como textos de época
que ayuden a contextualizar los Desastres. Se mostrarán dibujos y estampas de la primera
edición.
DESASTRES DE LA GUERRA DE FRANCISCO DE GOYA
PUBLICACIONES
El libro de los Desastres de la Guerra
Francisco de Goya
Vol. 1
José Manuel Matilla y Javier Blas
Imágenes contra la guerra: Coincidencias y discrepancias en torno a los Desastres.
El proceso de creación gráfica: dibujos, pruebas de estado y Álbum de Ceán.
Repertorio bibliográfico.
336 páginas, 202 ilustraciones
Vol. 2
José Manuel Matilla e Isla Aguilar
Desastre a Desastre. Elenco de referencias críticas.
La difusión de las imágenes: láminas de cobre y estampas de la primera edición.
256 páginas, con 164 ilustraciones
Formato:
Vol 1: 25,8 x 34,5 x 3,2 cm
Vol 2: 25,8 x 34,5 x 3,8 cm
El libro de los Desastres reproduce por primera vez de forma facsímil la totalidad de las
obras de Goya relacionadas directamente con el proceso de ejecución de los Desastres: los
dibujos preparatorios, el álbum de Ceán, la primera edición de la Academia de 1863 y
las láminas de cobre. En la actualidad no existe ninguna otra publicación de estas
características.
El denominado álbum de Ceán, ejemplar que Goya regaló a su amigo Ceán que se conserva
en el British Museum de Londres, es el único conjunto estampado de acuerdo a los
criterios del propio autor. La reproducción de éste junto con la de la primera edición
de la Academia ofrece además la posibilidad de comparar dos modos diferentes de concebir
la estampación.
Los Desastres de la
Guerra:
Los Desastres de la Guerra
La violencia en sus diferentes formas, como manifestación de la sinrazón, es uno de los
aspectos más notables en la obra de Goya. Fueron precisamente los sucesos acontecidos
durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) los que llevaron a Goya a efectuar una
reflexión enormemente crítica e innovadora sobre la guerra, sobre sus causas, brutales
manifestaciones y consecuencias. No solo la impresionante serie de los Desastres, sino
también las pinturas que sobre este tema realizó en aquellos años, y las posteriores
que efectuó sobre los sucesos del 2 y 3 de mayo en Madrid, presentan una visión
radicalmente distinta a la del resto de sus contemporáneos, decantados a uno u otro lado
de los bandos contendientes, y realizadas con claros fines propagandísticos y
conmemorativos.
Mísera humanidad. La culpa es tuya! Escribe un lobo en el Desastre 74 Esto es lo peor. La
frase, tomada del texto contemporáneo a Goya de Giambattista Casti, Los animales
parlantes, podría reflejar con bastante exactitud el estado de ánimo del artista en los
años de la Guerra de la Independencia -que supusieron la ruina material y moral de
España- y en los inmediatamente posteriores protagonizados por la reacción absolutista
de Fernando VII -que acarrearon la pérdida de gran parte de los avances conseguidos con
tanto esfuerzo por los liberales que redactaron la Constitución de 1812.
La sensibilidad de Goya ante estos acontecimientos produjo no sólo su mejor serie de
estampas, sino un monumental grito contra la violencia en sus diferentes formas, que no
reconoce justificación alguna, y que gracias a lo magistral de su tratamiento técnico,
formal y conceptual permite al espectador contemplar imágenes inherentes a toda guerra.
La genialidad de la obra de Goya, tantas veces repetida, lo es no sólo por su evidente
calidad, sino también por la enorme distancia que la separa del resto de la producción
artística del momento. Si alguien reflexiona sobre el uso de los recursos técnicos, la
composición de las escenas y el valor ético de las imágenes, ese es precisamente Goya.
Frente a las imágenes heroicas y aduladoras, Goya presenta la violencia y la muerte en
sus más puras expresiones. Las obras de Goya de contenido bélico no muestran a los
héroes militares o populares que lucharon contra los franceses, de todos conocidos
gracias a las publicaciones y a las galerías de retratos grabados ampliamente difundidos
en la España de su tiempo. Ni tan siquiera nos presentan hechos concretos acaecidos en
lugares determinados. Por el contrario Goya nos muestra, partiendo de acontecimientos
reales, la esencia de los mismos, la representación universal del heroísmo, la
brutalidad, el hambre, la desesperación, la destrucción, pero sobre todo la muerte. Y
todo ello protagonizado por el pueblo anónimo, verdadera víctima de la guerra. El pueblo
al que mostró atacando a los mamelucos en el cuadro del Dos de Mayo en Madrid, o al que
representó muriendo víctima de la represión francesa en los fusilamientos del Tres de
Mayo.
El dos de mayo de 1808 el pueblo de Madrid, instigado por algunos sectores de la nobleza y
la iglesia, se levantó en armas contra las tropas napoleónicas que ocupaban, desde
principio de año, las principales ciudades españolas. Como consecuencia, las tropas
francesas ejercieron una brutal represión, que no haría sino generalizar los
levantamientos populares al resto de las ciudades de la Península, que no tardaron en ser
doblegadas por los ejércitos imperiales. Zaragoza padeció uno de los más feroces
asedios al tiempo que realizó la más heroica de sus defensas. Entre el 14 de junio y el
14 de agosto de 1808, la ciudad mandada por el general Palafox, sufrió un primer asedio
que pudo resistir, sangrienta y quizá innecesariamente, a juzgar por las terribles
consecuencias que supuso para su población. En octubre de ese mismo año, Palafox mandó
llamar a Goya junto a otros artistas para "ver y examinar las ruinas de aquella
ciudad, con el fin de pintar las glorias de aquellos naturales". Es evidente que la
ruina y desolación que Goya pudo observar durante su estancia en Zaragoza hubo de causar
una honda impresión en el pintor. La coincidencia temática de muchos de los primeros
Desastres con las relaciones impresas de lo acontecido en la ciudad, así como otras
estampas inspiradas en estos mismos acontecimientos ponen de manifiesto el interés de
Goya en estos sucesos; no tanto en dejar constancia de hechos concretos, sino de captar la
esencia de los mismos. No en vano, las primeras láminas de los Desastres están fechadas
en 1810, tal y como dejan constancia grabada tres de ellas; es decir, solo un año
después de lo visto en Zaragoza.
Pero no debemos buscar hechos concretos que dieran origen a cada lámina de la serie. Por
el contrario, lo que nos muestran estas estampas estaba al cabo de la calle en cualquier
lugar de España durante los años que duró el conflicto. La primera estampa titulada
Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer, sirve de introducción profética al
cúmulo de horrores y desgracias que vamos a ver relatadas en imágenes. La primera parte
de la serie nos muestra distintos aspectos de la violencia bélica: la lucha cuerpo a
cuerpo de franceses y españoles; la violencia gratuita sobre la población civil ejercida
por las tropas napoleónicas; la brutal represión sobre la guerrilla española; la
barbarie de las tropas invasoras; la violencia innecesaria de pueblo español sobre
franceses y afrancesados; la huida de la población y abandono de las ciudades; el saqueo
de las iglesias y el asesinato de religiosos; y sobre todo, la muerte, presente en todas
las estampas, y que en algunas de ellas es la única protagonista.
Mientras Goya estaba grabando en Madrid las primera láminas de la serie, la ciudad verá
un notable incremento de población. Las víctimas de los saqueos, incendios y violencias
en las zonas en conflicto, buscarán refugio tras los muros de la capital. Sin embargo, y
fundamentalmente a partir de 1812, Madrid será incapaz de alimentar a toda esta
población. La escasez de alimentos, unida al alza desmesurada de los precios producto de
la especulación, dejará desabastecida a la ciudad, y así el hambre se convertirá en el
compañero habitual de sus pobladores, y tras él, las enfermedades y la muerte. Este
sería el hilo conductor de la segunda parte de los Desastres. En ellas nos muestra a los
que piden en las calles, a los que a duras penas subsisten de la caridad; a los
especuladores; a los moribundos; y de nuevo, y siempre presente, a la muerte.
La última parte de la serie, también denominada Caprichos enfáticos, debió ser grabada
nada más finalizar la guerra, entre 1814 y 1815, pues su interpretación apunta a los
diferentes aspectos de la represión y vuelta al absolutismo que supuso el regreso a
España de Fernando VII, cuya máxima expresión es el Real Decreto de 4 de mayo de 1814
por el que quedaba abolida la Constitución de 1812, se volvía al absolutismo monárquico
y se iniciaba una feroz represión de los liberales. A diferencia de las estampas
anteriores, más narrativas, en estas últimas utiliza un lenguaje simbólico, que ya
había utilizado en los Caprichos, y que a partir de este momento, en los últimos años
de vida del artista, va a constituir una constante en su obra que desembocará en los
Disparates y en las Pinturas Negras. Probablemente la actualidad de los temas tratados -la
lucha entre serviles y liberales y la represión de éstos, la reinstauración de la
Inquisición y la abolición de la Constitución liberal de 1812- motivaron, además del
lógico desencanto del artista puesto de manifiesto en la creación de imágenes
sombrías, la utilización de un lenguaje visual críptico y ambiguo, en el que las ideas
críticas al gobierno absolutista no resultasen demasiado explícitas y por tanto
comprometedoras para el artista.
En el proceso creativo de los Desastres, Goya partió de unos dibujos preparatorios,
generalmente realizados a sanguina, si bien en ocasiones utilizó aguadas, en los que
dejó bastante definidas las composiciones. No obstante Goya efectuó importantes
modificaciones al grabarlas sobre la lámina de cobre, eliminando todo elemento superfluo.
La minuciosidad de Goya en la realización de esta serie le llevó a estampar numerosas
pruebas de estado, que le permitieron verificar proceso de grabado e introducir sutiles
modificaciones de alto valor expresivo.
Técnicamente los Desastres presentan una importante novedad con respecto a los Caprichos,
en los que el aguatinta era profusamente utilizada en los fondos como complemento al
aguafuerte. En los Desastres la aguada sustituye al aguatinta como medio para crear
gradaciones tonales en los fondos. De este modo, al utilizar casi con exclusividad el
aguafuerte, logra que las líneas de las figuras destaquen contundentemente sobre fondos
casi vacíos, sin apenas matices tonales, acentuando así el dramatismo del horror y la
muerte mostrado en las escenas elegidas. Destacan así las figuras, anónimas, ubicadas en
espacios indeterminados, inexistentes diríamos. Compositivamente recurre con frecuencia a
esquemas piramidales en los que la combinación y confrontación del blanco y el negro
tienen valores dramáticos y simbólicos, dirigiendo así la mirada del espectador hacia
los aspectos más relevantes del asunto representado.
Una vez Goya dio por finalizada la serie, sin embargo no llegó a editarla, con toda
seguridad debido a la situación política del momento, que en modo alguno era propicia a
una obra de tan crítico contenido. Por ello solo sus íntimos pudieron conocer la serie.
Y así uno de ellos, Juan Agustín Ceán Bermúdez -al que ya había entregado ejemplares
encuadernados de Los Caprichos y la Tauromaquia-, recibió como regalo un ejemplar
completo con el título manuscrito de "Fatales consequencias de la sangrienta guerra
en España con Buonaparte. Y otros caprichos enfáticos, en 85 estampas. Inventadas,
dibuxadas y grabadas, por el pintor original D. Francisco de Goya y Lucientes. En
Madrid", y que en la actualidad forma parte de las colecciones del British Museum.
Las láminas quedaron guardadas en la Quinta del Sordo, que tras la partida de Goya a
Burdeos pasó a ser propiedad de su hijo Javier, quién las conservó en cajas hasta su
fallecimiento en 1854. Tras diversas vicisitudes, la Real Academia de San Fernando
adquirió en 1862 ochenta cobres, que editó por primera vez en 1863 con el título Los
desastres de la guerra, que debido al criterio de estampación artística de entonces,
tendió a uniformizar la composición, al cubrirla con un velo de tinta que suprimía los
dramáticos contrastes entre blancos y negros. En 1870 ingresaron las dos últimas
láminas, que en la actualidad, junto a las ochenta láminas de la primera edición, se
conservan en la Calcografía Nacional de Madrid.
José Manuel Matilla
Calendario de exposiciones:
I. El proceso creativo: del dibujo al grabado.
18 de diciembre de 2000 al 11 de marzo de 2001
II. El horror de la sinrazón.
19 de marzo de 2001 al 17 de junio de 2001
III. Los Caprichos enfáticos.
25 de junio de 2000 al 17 de septiembre de 2001
Comisario: José Manuel Matilla
Comisaria adjunta: Isla Aguilar
Con motivo de estas exposiciones, el Museo del Prado ha editado El libro de los Desastres
de la Guerra, donde se podrá encontrar amplia información gráfica y textual sobre esta
serie.
Producción y realización: Museo Nacional del Prado
[Taller de restauración de papel, Brigada de movimiento de obras de arte, Brigada de
mantenimiento, Unidad de exposiciones temporales, Unidad de Apoyo a Dirección).
Con la colaboración de:
Calcografía Nacional
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Biblioteca Nacional
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